Habíamos llegado al pueblo después de dejar la ciudad en la que nuestros vecinos y amigos nos habían dado la espalda. Poco a poco íbamos encajando en nuestra nueva vida. Al principio la gente se mostraba algo reacia, parecía que notaban algo. No obstante, pasados unos meses, nos aceptaron como si las anteriores generaciones de nuestra familia hubiesen estado allí desde que se fundó la primera casa.
Pero, de repente, pasó lo de Alberto. Nadie sabe cómo ni tampoco si hay un por qué, pero se cayó al pozo. Desde aquel entonces todos en la familia se comportan de una manera más extraña y las “habilidades” que ya teníamos controladas empiezan a aparecer con más frecuencia y una mayor potencia. La peor es mamá, que se culpa así misma de un accidente del que no tuvo la culpa.
Cuando Eloy encontró el mensaje en la botella todo se volvió más raro aún. Aun así, ahora toda la familia tiene un objetivo en común: bajar al pozo, para descubrir qué esconde. ¿Qué más puede pasar?

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